PERDIDA GESTACIONAL. DUELO DESAUTORIZADO.

Resultado de imagen de duelo imagenLa intensidad del duelo no depende de la naturaleza del objeto perdido, sino del valor que se le atribuye.

Cualquier pérdida personal, física o incluso social, lleva aparejada un proceso doloroso que conocemos como duelo. Saber reconocerlo, aceptarlo y tratarlo, nos ayudará a asumir la nueva situación, de forma que pasemos del intenso dolor que nos angustia e inmoviliza a una nueva realidad desde la que cimentar una nueva etapa en búsqueda de nuestra felicidad.

El duelo no es un trastorno mental, es un proceso emocional y natural vivido por la persona que sufre una pérdida, cualquiera que sea ésta. Puede tratarse de la pérdida de un ser querido; de una extremidad, un órgano o una función corporal (por ejemplo, la fertilidad); del estatus económico, social, de oportunidades; de romances de adolescente, pérdida de juventud, de belleza, pérdida por la menopausia, por la jubilación, etc.

Es un dolor que afecta al comportamiento, al psiquismo, a la salud física e, incluso, a la propia espiritualidad. Y como cualquier dolor, es una experiencia personal e íntima.

El duelo por una pérdida gestacional y perinatal tiene unas características específicas que difieren de otros tipos de pérdida. Se trata, frecuentemente, de un duelo incomprendido, silenciado, desautorizado. No es un duelo que suela ser públicamente reconocido ni socialmente expresado. La pareja llega a sentir que no se le permite hablar sobre su pérdida porque su bebé no ha llegado a nacer, e incluso porque no ha habido entierro; a veces, el niño no tiene nombre, no quedan fotos ni recuerdos, nada que haga presente su existencia. Sin embargo, el niño/a es su hijo/a desde la concepción, en la imaginación, en las expectativas y esperanzas de los padres y de la familia, tal y como afirma Alba Payás. Por ello, puede llegar a ser muy doloroso, e incluso traumático, para estos padres que pierden a su bebé, más aún si es en la última etapa de su gestación, que no se les permita verlo, tocarlo, en definitiva, despedirse de él como de cualquier otro ser querido fallecido. El poder llevar a cabo una despedida puede suponer un buen inicio del duelo, y ello facilitará su elaboración.

Y es que, porque la aceptación social del trauma influye en la recuperación emocional y psicológica, estos padres necesitan disponer de espacios donde expresar sus sentimientos, y que éstos no sean negados o minimizados. En su proceso de recuperación también les ayudará contar con rituales de despedida que les permitan ir elaborando su duelo, vivenciando que sus emociones forman parte de su duelo, e ir dando pasos para continuar adelante tras la pérdida de su bebé.

Duelo en Reproducción Asistida

El duelo en infertilidad se complica, sobre todo tras ciclos de tratamiento fallidos y/o en aquellos casos de aborto de repetición, porque aparecen nuevamente emociones negativas como dolor, frustración, miedo y sentimientos de fracaso. Y porque a la propia pérdida del bebé se suman otras pérdidas previas, tales como: Lo invisible, “la fertilidad”.

-El deseo no alcanzado de un embarazo natural.
-El deseo no alcanzado de un hijo biológico.
-Un proyecto de vida que variará con respecto al imaginado.
-La espontaneidad e interés en las relaciones sexuales.
-Poder cubrir las expectativas de los padres (abuelos) en relación a su descendencia

Por todo ello, y encontrándonos con algunas parejas que, tras el diagnóstico, toman aceleradamente la decisión de comenzar los tratamientos con la idea de encontrar en ellos una solución mágica sin el espacio y tiempo necesarios para la elaboración del duelo, es necesario ayudarles a definir el camino y explicar los costes psicológicos y emocionales que pueden llegar a tener. Un camino que les permita:

-Reconocer su dolor, sintiéndolo y aceptando su herida, que durante algún tiempo estará abierta.
-No abusar de los fármacos, ya que éstos pueden taponar, obstaculizar el proceso de duelo necesario.
-No castigarse con pensamientos de “Si yo hubiera…” (hecho o dicho esto o aquello), que les harán sentirte culpables, lo más probable, de algo que no dependía de ellos.
-Buscar el apoyo de familiares, amigos o compañeros de trabajo. Y ayuda profesional, si lo consideran.
-Disponer de un período de convalecencia. Por ello, es importante no comprometerse, a corto o medio plazo, en ningún proyecto que requiera tiempo y energía.
-Vivir el día a día, con la rutina habitual. Comenzándose a planificar pequeñas metas a corto plazo. Sin planificar a largo plazo.
-Prepararse para esos reajustes que se tienen que hacer en la vida, iniciando una nueva etapa, fomentando nuevos intereses, cambiando aquellos aspectos de su persona o hábitos no deseados.
-Encontrar en uno mismo a esa persona más fuerte, diferente, más tolerante, más valiente y más independiente en la que uno se ha podido convertir.

Marisol Ródenas Andrés
Psicóloga IVI Murcia

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