MENOPAUSIA PRECOZ

María del Mar Tirado, Psicóloga Clínica.
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“¿Por qué siento que en los últimos 3 meses he envejecido más que en los últimos 10 años?”, me preguntaba Ana, una paciente diagnosticada de menopausia precoz a los 32 años, justo cuando quería ser madre. Llevaban 8 meses buscando embarazo, ella tenía desarreglos desde hacía tiempo, pero nunca les dio demasiada importancia. Cuando fueron a consulta con el ginecólogo y éste les dijo que su reserva ovárica no se correspondía con su edad, no se lo podía creer. Desgraciadamente las analíticas confirmaron lo que en ecografía parecía evidente: Menopausia precoz.

Por lo general, la menopausia suele ocurrir alrededor de los 48-50 años. Aunque no es ninguna enfermedad, sino que se trata de una etapa normal en la vida de la mujer, sí suele venir acompañada, en mayor o menor medida, de una serie de síntomas físicos y emocionales. A nivel físico: Falta de energía, cansancio constante, caída del cabello, bochornos o calores súbitos, sequedad de la piel, tendencia a aumentar de peso… Al mismo tiempo: irritabilidad, falta de concentración mental, melancolía y llanto fácil, cambios emocionales súbitos, disminución del deseo sexual, tendencia a la depresión, sensación de soledad y falta de expectativas en el futuro, son algunos de los cambios emocionales asociados a esta etapa.

 

Cuando la ausencia del ciclo menstrual ocurre antes de los 40 años, hablamos de menopausia precoz. Esto les ocurre a alrededor del 3 – 5 % de las mujeres. En ellas, esta etapa de la vida alcanza un doble impacto: la imposibilidad de concebir naturalmente y la reflexión sobre la edad y el paso del tiempo. Es frecuente que se sientan enfadadas y molestas con su propio cuerpo por haber envejecido de forma tan acelerada. A menudo, afirman que se miran al espejo y se ven mayores, envejecidas, que han perdido parte de su atractivo físico, a pesar de que no ha habido cambios objetivos en su físico ni que la edad que tienen lo justifique. La mayoría tienen que recurrir a la donación de ovocitos para llegar a ser madres, sin embargo, en mi experiencia clínica, no creo que el paso a la donación sea especialmente duro para estas pacientes. Lo viven claramente como una solución, la única posibilidad de poder vivir un embarazo, a pesar de que algunas de ellas puede que no hayan llegado todavía a la treintena.

En estas mujeres, los signos y síntoma que hemos dicho son comunes en la menopausia, se suman a los propios de las mujeres que se encuentran sometidas a tratamientos de reproducción. Es muy doloroso para ellas asumir, que, siendo jóvenes, no podrán quedar embarazadas de manera espontánea. Por este motivo, el acompañamiento de un profesional de la psicología a lo largo de todo su tratamiento, se hace especialmente relevante.

 

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