“Más vale prevenir que curar”

María Brichette, Psicóloga Clínica.
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En un reciente comunicado del Consejo General de la Psicología (COP), se constata cómo las intervenciones preventivas psicológicas han demostrado ser métodos eficaces para reducir el impacto de los problemas de la Salud Mental Materna.
Siguiendo esta línea de actuación deberíamos replantearnos el momento de la Intervención Psicológica en Reproducción Asistida (RA). En la mayoría de los casos, cuando el paciente –pareja o mujer sola-, es derivado al psicólogo generalmente por su ginecólogo, puede ser consecuencia de presentar un estado que requiere interrumpir el proceso de reproducción, para más adelante continuar con él.
En otras ocasiones es requerido cuando hay que cambiar los objetivos –hijo biológico por donación de gametos, gestación por adopción, etc.-; y en último caso cuando el paciente ha decidido abandonar.


En el mejor de los casos, si decide abandonar y esta decisión se la comunica al centro, el médico tiene la oportunidad de derivarlo al psicólogo para ayudarle a la asimilación de esta decisión que entre otros factores requiere la elaboración de un duelo y la adaptación al cambio de objetivos. En el peor de los casos, el paciente deja el centro sin dar más explicaciones, padeciendo una sintomatología psicoemocional que debiera ser tratada por un especialista en la materia, cuestión que el propio paciente en caso de pedir ayuda, -evitaría todo lo relacionado con la RA-, con el consiguiente detrimento en la eficacia de la nueva terapia, eso si es consciente de que ¡necesita ayuda!.
Si el paciente recibe una evaluación psicológica en la que se determinan su idiosincrasia, sus recursos disponibles, patrones de actuación, motivaciones… se le informará brevemente de los aspectos psicológicos que conlleva el proceso y las posibles situaciones nuevas que quizás tenga que asumir. Se hace un seguimiento psicológico simultáneo al proceso, en donde se detecta cualquier incidencia que pudiese afectarle, permitiendo la intervención. De este modo, el proceso se desarrolla con una mayor eficacia.
Para concluir, me gustaría destacar que evaluamos de cara a una posible intervención antes de iniciar el proceso o durante el mismo, en caso de ser posible. Si el paciente no cuenta con recursos suficientes, le dotamos de ellos; si presenta creencias erróneas, las corregimos; si su información es escasa, le explicamos, etc.. Algunos profesionales consideran que el mero hecho de informar, ya de por sí capacita al paciente para afrontar la situación. Esto sería válido si fuese una actuación con poca o nula carga emocional; se le explica el proceso, se le dan las pautas médicas a seguir, y ¡adelante! …Pero obviamente, nada de esto tiene efecto en decisiones de carácter vital para el ser humano.

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