Dos amores: el bebé estrella y el bebé arcoiris

Marisol Ródenas Andrés, Psicóloga IVI Murcia y Cartagena

sw_suzanna-makowskiEs frecuente que cuando se afronta una pérdida gestacional-perinatal, no se tenga miedo a ser padres de nuevo, pero sí a la posibilidad de vivir otra vez esa experiencia dolorosa y a veces traumática que es perder a un hijo, porque aunque no haya nacido aún, uno se siente madre/padre desde el momento que sabe de su embarazo. A estos bebés que no llegaron a nacer o fallecieron en días próximos a su nacimiento se les suele conocer con el nombre de “bebé estrella” y para sus padres y familiares, que mantienen su recuerdo, es importante que se reconozca que existieron y que fueron importantes en sus vidas. Por ello, no debemos caer en desautorizar el proceso de duelo que supone dicha pérdida, muy al contrario, debemos facilitar espacios donde puedan expresar sus sentimientos y que éstos no sean negados o minimizados porque la aceptación social del trauma influye en la recuperación emocional y psicológica.

Transcurrido un tiempo de la pérdida, uno empieza a sentir el deseo de volverlo a intentar, de ilusionarse de nuevo con un embarazo, no pretendiendo olvidar a su “bebé estrella” pero sí dando cabida al bebé deseado que puede llegar. A este nuevo bebé, hermano del que se fue, también se le desea, sin embargo, no se puede evitar sentir miedo y angustia por la posibilidad de que también se le pudiese perder, incluso una vez nacido, aunque fuese un bebé sano y fuerte. Por ello, el nacimiento de este bebé que nace después de otro hijo que no llegó a nacer -bien por aborto o por parto de bebé muerto- o que falleció recién nacido, llega como un rayo de luz y color después de la tormenta para estas familias desconsoladas. De ahí que se le denomine “bebé arco iris”. El “bebé arco iris” es aquel bebé que nace después de una pérdida gestacional o perinatal. Estos bebés son llamados así porque su llegada trae una gran luz y color al pasar la tormenta. Al bebé estrella no se le olvidará, formará parte de la historia de la familia que un día lo deseó y lo esperó y un nuevo bebé no supone suplantarlo. De ahí los sentimientos contrapuestos que se sienten en los embarazos posteriores, por un lado, tristeza por la pérdida, por otro inquietud y angustia por si pudiera volver a ocurrir y, por otro lado, ilusión porque hay esperanza en poder abrazar al bebé tan deseado.

Un pensamiento frecuente que puede calmar el dolor emocional es el de “si el bebé estrella se hubiese quedado, el “bebé arco iris” no estaría aquí. Para el entorno familiar y social, no siempre es fácil entender por qué estos padres parecen no estar contentos a la hora de anunciar el nuevo embarazo o a la hora del nacimiento, puesto que todo parece ir bien. Y es que, mientras para los familiares este nuevo ser cierra la etapa de los malos recuerdos del bebé anterior, para estos padres no es así, su bebé estrella sigue teniendo luz propia y ocupa un lugar en sus corazones. Es por eso que, durante el posterior embarazo se vive pendiente de sobrepasar la fecha de la pérdida gestacional previa. Parece que fuese una fecha tope o límite a partir de la cual uno cree que ya se han superado ciertos peligros y ya se puede respirar un poco mejor, otras veces esto no es así, y se siguen manifestando esos temores u otros a lo largo del embarazo. Por ello, es muy importante, considerar estos embarazos con sus peculiares circunstancias y que los profesionales que atiendan a estas familias durante los nueve meses muestren su empatía y humanidad para acompañar y tratar de la mejor manera. Y debemos saber que esta situación es más frecuente de lo que podamos pensar.

Este bebé arco iris traerá nuevas posibilidades de amar y sanar emocionalmente algunas heridas. Sin embargo, si no llegara nuestro propio bebé arco iris, a veces podemos encontrarnos, aunque parezca inaceptable, que ese lugar lo suple otro niño que esté cerca de nosotros, que tiene nuestro amor y que nosotros tenemos el suyo (un sobrino, el hijo de un amigo, …), podemos transformar nuestra pérdida en ganancia, podemos hacer que sea una experiencia vital de aprendizaje y crecimiento personal que nos enriquezca y nos haga entender lo que realmente es importante para nosotros y aceptar lo que somos y a quienes tenemos y amamos en nuestra vida.

Es necesario ayudar a estas parejas y orientarles respecto a los costes psicológicos y emocionales que pueden llegar a tener si se precipitan en la búsqueda de un nuevo embarazo sin el espacio y tiempo necesario para la elaboración de su duelo.

Ayudarles a definir un camino que les permita:

• Reconocer su dolor, sintiéndolo y aceptando su herida, que durante algún tiempo estará abierta.

• No castigarse con pensamientos de “Si yo hubiera…” (hecho o dicho esto o aquello), que les harán sentirse culpables, lo más probable, de algo que no dependía de ellos.

• Buscar el apoyo de familiares, amigos o compañeros de trabajo. Y ayuda profesional, si lo consideran.

• Prepararse para esos reajustes que se tienen que hacer en la vida, iniciando una nueva etapa, fomentando nuevos intereses, cambiando aquellos aspectos de su persona o hábitos no deseados.

• Encontrar en uno mismo a esa persona más fuerte, diferente, más tolerante, más valiente y más independiente en la que uno se ha podido convertir.

• Y si de nuevo ha llegado el embarazo, celebrar la nueva vida que está en camino con ilusión y esperanza.

 

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