El papel de los padres en la reproducción asistida

Amalia Bayonas, Psicóloga, FIV Valencia

pexels-photo-212289Son muchos los artículos, investigaciones y estudios que hablan sobre la infertilidad, pero sólo un mínimo porcentaje de ellos se centra en el hombre. Normalmente hablan de la pareja infertil, pero suele ser la mujer la que acapara más atención, probablemente por ser más difícil de diagnosticar y tratar o por las incomodidades físicas que suponen para la mujer las pruebas y técnicas.

A pesar de esta tendencia, se debe prestar atención al papel de los hombres en la reproducción asistida. Los varones no sólo contribuyen con sus gametos a la paternidad. Ellos también necesitan participar del proceso del embarazo. Sentirse como meros donantes no les hace ninguna gracia.

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Ellos pueden percibir la paternidad como un logro muy significativo y fuente de su identidad masculina.

En los varones, el ego masculino y el concepto de virilidad están muy ligados a la fertilidad. Y si esta se ve afectada se compromete su autoestima pues su papel tradicional de proveedor se ve dañado. Si, además, ve que su mujer sufre en el plano emocional, terreno en el que ellos muchas veces no se sienten demasiado cómodos, su rol de protector se ve también comprometido.

En los tratamientos de reproducción asistida a veces la pareja se puede sentir presionada por el calendario para mantener encuentros sexuales, lo que puede incomodarles o afectar al deseo sexual. Ante estas situaciones el varón, en muchas ocasiones, se ve incapaz de solucionar estos problemas y toma distancia. Se repliega en sí mismo ejerciendo su segunda estrategia de afrontamiento favorita, la evitación, cuando no tiene posibilidad de elegir la primera que es la de la “pelea”.

En las consultas son muchas las pacientes que coinciden al manifestar como: “Parece que solo tiro yo del carro, el actúa como un invitado de piedra” “realmente no sé si quiere ser padre, dice que sí, pero no se implica” “yo me ocupo de todo, me siento sola en esto” mientras ellos están a su lado callados e incómodos. Existe también un porcentaje de parejas que, ante la presión, abandona los tratamientos con sensación de fracaso y lesiones en su relación o incluso se separan porque el hombre decide que no quiere seguir.

El soporte psicológico es fundamental para ayudar a las parejas que atraviesan estas situaciones. Desde la psicología se trabaja entendiendo los diferentes estilos de afrontamiento según géneros, actuando de traductor, verbalizando las diferentes necesidades de cada uno de manera comprensible para ambos y poniendo en valor sus diferentes aportaciones.

A pesar de que cada vez más centros de reproducción asistida cuentan con psicólogos especializados en soporte emocional a parejas infértiles, muchos hombres siguen resistiéndose a recibir este apoyo. Esta actitud es parte del proceso de evitación: prefieren no contárselo a nadie, no tienen confidentes para estos temas, no quieren hablar sobre ello continuamente … No se trata de indiferencia, en realidad es su manera de abordar el problema. Donde las mujeres suelen enfocarse más a sus emociones y sentimientos, ellos dirigen su mirada a las causas y alternativas. Mientras para ellas es liberador hablar del tema, a ellos les tranquiliza “dejar el tema dormir”, sin abandonarlo, pero sin centrarse solo en él, atendiendo con normalidad sus actividades cotidianas.

Para ellos “estar ahí” ya es toda una declaración de intenciones. Se sienten incomprendidos cuando su mujer les acusa de indiferencia. Cuando se les pregunta ¿tu realmente que quieres hacer?  y dicen “lo que ella quiera” esto suele poner de muy mal humor a sus parejas que sienten que ellas son las responsables de cada decisión, cuando en realidad ellos están contestando: Quiero lo que ella quiera, ¿no es una bonita muestra de apoyo, de amor?

El proceso de someterse a un tratamiento de reproducción asistida no es una competición de quien sufre o se compromete más. Se trata de un proceso duro y largo en el que lo mejor es ir de la mano y con confianza mutua. Y hay que reconocerles a nuestros compañeros de camino que tienen razón en algunas cosas: no se puede hacer del tratamiento el centro de la vida. Hay que pincharse, ir a las visitas, … pero también hay que continuar saliendo y haciendo planes.  La vida es aquí y ahora y no empieza cuando se logra el embarazo, hay que aprender a disfrutar del periodo de pre-espera también, que se puede. Y será la manera de que, tanto hombres como mujeres, lleven mejor el largo camino de la maternidad y la paternidad.

 

 

 

 

 

 

 

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